domingo, 5 de mayo de 2013

AYYY!!!.... CUANDO CARGUES EL VENADO ...



Revisado por: César Zambrano 

Estaba un hombre a la orilla del camino sentado en una piedra, bajo la sombra de un frondoso árbol; pero se le miraba muy triste, meditabundo y cabizbajo... Casi, casi a punto de soltar el llanto. 

Así lo encontró su compadre y su amigo de toda la vida, quien al verlo en semejante situación, le preguntó muy preocupado cuál era el motivo para estar en una actitud tan desesperada.
- Compadre... ¡¡Por la desconsideración de mi mujer!! Es ella la culpable de mi situación de desconsuelo. Pero ésta noche la desaparezco; no me la aguanto más!!.

- Nooo... No diga eso compadre, mejor dígame ¿Por que la quiere desaparecer?

Y el hombre, después de esforzarse por respirar profundo y conseguir algo de calma, empezó su relato:
Mire compadre, usted sabe que somos muy pobres y en mi humilde rancho la única forma de acompañar los fríjoles es con un pedazo de carne que consigo en el monte cuando salgo de cacería.
Me voy con mi escopeta, paso varios días de penalidades, arriesgándome con los peligros del monte, esquivando víboras y animales salvajes, soportando la terrible comezón que me producen allí las garrapatas, los piquetes de los mosquitos, y aguantando el frío de las noches que se mete hasta los huesos.
Luego, por fin, si la suerte me socorre, logro cazar un venado; pero allí empieza lo otro: tengo que CARGAR EL VENADO a mis espaldas por todo el largo camino que me lleva de regreso al pueblo, y luego empezar a subir la cuesta empinada de la loma hasta llegar a mi rancho.

Pero allí viene lo peor... es que todavía no termino de llegar para intentar recobrar el aliento, cuando ya aparece mi señora con el cuchillo en la mano.. e inmediatamente empieza a cortar el venado para repartirlo entre todos los vecinos y sus familiares.
Que una pierna pa'doña Juana... que otra para doña Cleo... que este lomito pa'mi mamá.. y que las costillitas pa'mi hermana que le gustan tanto... que ésto pa'llá y aquello otro lo deben querer allí también... y claro!! a los dos o tres días ya estamos de nuevo sin nada que comer en casa, y el tonto, otra vez... de cacería. Pero compadre, ya me cansé y esta noche.. la desaparezco.

El compadre después de meditar un momento, le dio la solución: Invite a su mujer a cargar el venado.

-¿Cómooo dice?? ... le respondió su compadre.

- Sí... llévese a la comadre de cacería. Invítela a la cacería pero dígale que es para que "disfruten juntos de los bellos paisajes", "del esplendor de las estrellas que cobijan la noche en el campo", "para mirarse en los manantiales cristalinos que reflejarán románticamente las imágenes de ambos", "para poder mirar la graciosa manera en que caminan los venados como si fueran bailarines de ballet"; y escuchar el dulce canto de los grillos y de los pájaros silvestres" ... en fin, píntele bien bonita la cosa.

El compadre se quedó pensando, siguió el consejo y por supuesto la convenció.

Ella, muy entusiasmada se fué a la cita romántica con una falda larga hasta el tobillo, la cual poco a poco se le desgarraba con las zarzas en el camino; también la blusa de encajes le quedó toda dañada con las ramas, los zapatos se le rompieron escalando las piedras de varias lomas y algunas espinas la hicieron sangrar. El cabello se le maltrató con el sol y el viento, y le quedó tieso como un estropajo. Se le pegaron por todas partes las garrapatas y los bichos. Las manos se le llenaron de ampollas al tener que abrirse paso detrás de su esposo entre el espeso monte, y realmente estuvo a punto de sufrir un infarto.. al toparse con una enorme serpiente cascabel.

Por fin, después de tantos martirios con su esposo encontraron un venado.
Entonces el hombre muy sigiloso.. se acercó a su presa, y localizó con gran cuidado el mejor lugar para poder cazar al escurridizo animal; y cuando era el momento, con agilidad pasmosa le disparó.. y el venado cayó muerto. Y la mujer.. no cabía de júbilo y de dicha, pensando en que su sufrimiento había terminado.. pero no era así.

- "Ahora mi amor", (le dijo él muy serio), "quiero que CARGUES EL VENADO.. para que veas lo bonito que se siente", le decía el hombre mientras masticaba con una gran expresión de ira, cada una de sus lentas palabras.

La mujer, casi se desmaya ante la mirada fulminante de su marido, pero ante la desesperación por regresar a su casa, ni para protestar tuvo alientos.
Así que, se echó el pesado animal en su espalda y CARGÓ EL VENADO hasta su casa; allí, ya casi muerta y con las piernas temblando, jadeando y a punto de reventársele el corazón, al llegar tiró el animal en la entrada de la casa.

Al escucharlos llegar, sus hijos y todos sus vecinos vinieron a recibir a la pareja de cazadores y muy acostumbrados a la repartición de siempre, gritaron a una voz con gran alegría:
- ¡¡¡ Vamos a repartir el venado!!!

Pero entonces la mujer.. aún tirada en el piso, recobrando el resuello hizo un esfuerzo sobrehumano para poder levantar la cabeza y con los ojos inyectados de sangre por la ira, volteó a ver a los vecinos y agarrando aire hasta por las orejas, les gritó con todas sus fuerzas:

- ¡¡¡ El que me toque ese venado.... LO MATOOOO!!!

REFLEXIÓN
"El que NO carga la carga.... le parece que no pesa!!"

Al mirar lo que otros hacen... parece fácil, porque para valorar realmente el esfuerzo ajeno, todos debemos aprender a.. "CARGAR EL VENADO". 



La experiencia nos enseña: Que sólo se valora.. aquello que se ha adquirido como el resultado de nuestro ARDUO TRABAJO PROPIO, y que sólo cuidamos.. aquello que nos ha costado gran esfuerzo, sudor, sacrificio.. y hasta lágrimas.

Muchos tienen hoy alguna comodidad.. porque durante años han "cargado muchos venados" para poder llegar donde están ahora ...

Pero CUIDADO!!... hay muchos otros oportunistas, que siempre esperan cual hienas a que llegue el familiar, el vecino, el amigo, el conocido o hasta el desconocido.. "con un venado a cuestas".. para caerle, aprovecharse y desaparecerlo, sin importarles el gran esfuerzo que les ha costado a otros.. el conseguirlo.

Heb 6:10
"Pero Dios.. no es injusto para olvidarse de vuestra obra y del trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos... y sirviéndoles aún".

De Cesar Zambrano

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